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EL
CAMINO DE LA PIEDRA
ESCRITA--Articulo:
David Garrido
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En un lugar
recóndito de la campiña ilicitana se
encuentra un vestigio de nuestro pasado que,
altivo, todavía desafía el paso de
los años, aunque cada vez más
avejentado. En la partida de Puçol, un
curioso topónimo llama la atención
del historiador y aficionado a las
antigüedades; se trata de un camino, hoy
asfaltado, que conduce a la luguna de El Fondo,
perpendicular a la Vereda de les Cendres. Es el
Camí de la Pedra Escrita, que recibe su
nombre de un inmenso pedrusco, que antaño se
encontraba en el fondo del canal adyacente, hoy
cubierto, y que en la actualidad está sobre
un pedestal, expresamente acondicionado al
efecto.La enorme roca posee, además, una
especial singularidad: está escrita. Aunque
la inscripción está muy deteriorada,
hay quien cree que se trata de una reliquia del
pasado romano, incluso se ha puesto en
relación con la centuriación o
establecimiento de veteranos del ejército
romano en el campo ilicitano en las
postrimerías de la República, de lo
cual ya tuve ocasión de hablarles en un
artículo anterior de esta sección.
También hay quien cree que es una
inscripción mucho más moderna y, por
lo tanto, nada tiene que ver con las glorias de
Roma. Pero, vayamos por partes.
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La primera vez que se
hace mención de la piedra en un trabajo
científico es en el libro «Settlement
and Pottery in the Vinalopó Valley
(Alicante, Spain), A.D. 400-700», de Paul
Reynolds, publicado en Oxford en junio de 1993.
Este autor dice que se trata de una «gran
inscripción romana, muy desvencijada»,
donde lee «Q. AQUIL. ...». Por otro lado,
Josep Corell, epigrafista valenciano, autor junto a
X. Gómez y C. Ferragut del conocido
«Inscripcions romanes d´Ilici, Lucentum,
Allon, Dianium i els seus territoris»
(Valencia, 1999), indica que la vio el 26 de
octubre de 1998 y comprobó la existencia de
dos líneas muy desiguales, donde la
escritura desaparece en algún punto.
Además, observa, por el tipo de soporte (un
conglomerado sin trabajar) y las
características epigráficas (la Q con
un caudado extraño, la E con las astas
transversales externas muy largas y la S muy
angulosa), que se trata de una inscripción
moderna, no precisando más, aunque se atreve
a proponer la lectura «AQVI / ES E[L
ALC]ALET (?)», en clara referencia a la
finca otrora llamada L´Alcalet, también
conocida como «Els Partidorets». Hay que
tener en cuenta, sin embargo, que L´Alcalet
estaba en las inmediaciones de
L´Alcúdia, lejos del lugar donde
está la piedra.
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Acuciados por la
curiosidad, un equipo de profesores de la
Universitat Autónoma de Barcelona, del cual
formaban parte el Dr. Oriol Olesti, estudioso del
paisaje ilicitano de la antigüedad (coautor
-entre otros- de un interesante artículo
sobre nuestro pasado romano titulado «La
sortitio de Ilici», en la prestigiosa revista
francesa «Cahiers d´Histoire
Ancienne», 27/1) y el que esto escribe (por mi
condición de paleógrafo), decidimos
estudiar la inscripción, acompañados
en todo momento por Rubén Sempere,
entusiasta de la arqueología ilicitana, y
otros amantes de la historia patria miembros del
Casal Jaume I d´Elx. En junio del 2001
visitamos el lugar, encontrándonos la piedra
vejada por la mano estúpida de un cretino,
que la pintarrajeó con mamarrachos. Pero no
es éste el único ultraje sufrido por
el monumento; su situación al lado de la
carretera la convierte en objetivo de majaderos sin
escrúpulos, que precisamente se detienen a
su vera para hacerla blanco de sus impúdicos
orines. Incluso no hace mucho, alguien osó
defecar encima, quedando las insidiosas heces como
testimonio del paso de un bárbaro hasta que
el tiempo las deshizo. También hay quien, no
encontrando otro lugar más propicio, la ha
utilizado como lugar de quema de rastrojos,
convirtiéndola en ara de la estulticia
humana.
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Hubo incluso quien,
con tremenda cara, se la llevó a su
propiedad, para decoro de su jardín. Sin
embargo, gracias a la intervención del
alcalde pedáneo Antonio López
Brotons, la piedra volvió a su emplazamiento
original y se le adecuó el pedestal. De eso
hace ya más de veinte años. La Pedra
Escrita, pero, continúa ahí, dando
nombre a una vía del campo ilicitano desde
tiempo inmemorial. Tanto que incluso ha generado
leyendas a su entorno. Según una de ellas,
Sansón, el temible juez de los israelitas
-sí, ese cuya fuerza provenía de su
prominente mata de pelo- la lanzó desde la
vecina Serra de Crevillent. Y allí
continúa, imperturbable, concitando la
curiosidad de los transeúntes y manteniendo
el enigma de quien la escribió y por
qué.
Actualmente presenta un
estado lamentable y convendría que las
autoridades competentes hiciesen algo. El vecino
Museo Agrícola de Puçol incluso ha
propuesto llevarla allí, pero eso
privaría al entorno de su peculiar
romanticismo. La Pedra Escrita tiene que seguir en
el camino al que da nombre, orgullosa, aunque
convenientemente protegida de las inclemencias
humanas. En la actualidad se hace difícil su
lectura, pero en la primera línea podemos
distinguir claramente las capitales AQV, tal vez un
«aqua», en clara referencia al canal al
que aludía. Si bien la factura de las
letras, según la epigrafía
canónica, no es propiamente romana (los
trazos transversales de E y F de la segunda
línea no tienen la misma longitud), las
reproducciones de lápidas recogidas por el
benemérito historiador ilicitano Aureliano
Ibarra (véase «Illici su
situación y antigüedades»,
Alicante, 1879, lámina VIII) permiten pensar
que pudiese tratarse de una inscripción de
aquella época, tal vez -a manera de
hipótesis- un «terminus» o
indicación (sigo al agrimensor romano
Siculus Flaccus, «De condicionibus
agrorum», cap. 20) que indicase el paso del
«aqua» de una fosa de drenaje y a la vez
la propiedad de las tierras circundantes,
más allá de los «rigores» o
límites marcados por la centuriación
estricta.
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