|
La existencia de el
saladar se debe a la presencia de un suelo cargado
de sales (principalmente cloruros), que
además suele poseer un nivel freático
(nivel alcanzado por el agua bajo la superficie del
suelo) próximo a su superficie, siendo
frecuente el verlos inundados
periódicamente, durante parte del
otoño/invierno.
Estas sales tienen dos
orígenes, pueden proceder del lavado de
materiales salinos existentes en la zona, o bien
pueden ser el «recuerdo» de un antiguo
mar. En verano, al evaporarse el agua del suelo,
las sales son arrastradas hasta la superficie,
donde es depositada formando la típica
costra salina blanca que muchos habréis
visto.
Curiosamente, a pesar de
la presencia del agua, que como ya hemos dicho,
suele existir en abundancia bajo la superficie del
terreno o incluso sobre el mismo, a las plantas les
resulta imposible aprovecharla debido al alto
contenido en sales, es por lo que los
biólogos decimos que este es un medio
«fisiológicamente seco». La
existencia de grandes concentraciones de sales en
el suelo supone un gran problema para la vida
vegetal, ya que no solo impide la absorción
del agua por las raíces (y con ella los
nutrientes) sino que, al contrario, supone la
pérdida de líquidos y la muerte
irremediable de la planta ..., ¡aunque no de
todas!, determinadas especies han desarrollado una
serie de adaptaciones que les permiten colonizar
este tipo de ambientes.
El «truco» que
emplean estos especímenes es bien sencillo
(«si no puedes con tu enemigo, únete
a él»), concentran en su interior
gran cantidad de sales a fin de favorecer la
entrada del agua a la planta, aún
así, estas concentraciones pueden llegar a
ser tóxicas, por lo que las inmovilizan
acumulándolas en determinadas partes,
generalmente hojas, que eliminan
periódicamente (p.e. tamarits,
Tamaríx spp.), o la excretan
activamente por glándulas especiales (como
las alcolechas, Limonium spp.), o las
diluyen en abundante agua en los lugares de
almacenamiento (p.e. sosas, Arthrocnemum spp.). La
distinta tolerancia a la humedad del suelo y su
concentración de sales, lleva a que las
distintas especies del saladar se agrupen formando
bandas de vegetación, tanto más
definidas cuanto mejor es el estado de
conservación de la cubierta
vegetal.
En el interior del saladar
nos encontramos con un matorral craso (o
suculento, es decir, con partes más o
menos gruesas, cargadas de jugos) sobre terrenos
que se inundan frecuentemente, donde dominan las
sosas, en especial el Arthrocnemum fruticosum
acompañado en nuestra zona por una
curiosa planta que le parasita, el Cistanche
lutea; en un cinturón exterior que
sóIo se encharca ocasionalmente, la sosa
predominante es el Arthrocnemum macrostachyi,
y si el suelo es más suelto y arenoso el
Halocnemum strobilaceum. Al alejarnos del
núcleo del saladar, el suelo pasa a ser cada
vez menos arcilloso y a ganar en componente
arenoso, aunque la humedad sigue siendo alta, cada
vez es más raro que se inunde y se va
perdiendo el matorral craso para dar paso a una
banda periférica de juncos (p.e. Schoenus
nigricans, Juncus maritímus o J.
acutus). La última banda de
vegetación se asienta sobre terrenos donde
la humedad edáfica es menor (el nivel
freático está más bajo) y,
salvo casos excepcionales, nunca se encharcan; este
es el dominio de las alcolechas o saladinas
(Limonium spp.), pequeñas plantas de
hojas patentes y largos tallos donde aparecen gran
número de florecillas, y que suelen
acompañarse por el albardín o falso
esparto (Lygeum spartum).
Superpuesto e intercalado
entre la vegetación descrita, es habitual la
existencia de tamarits (Tamarix spp.),
árboles que pueden alcanzar un gran porte y
formar manchas densas en la cercanía de los
cuerpos de agua y en las partes del saladar que
suelen sufrir inundaciones
periódicas.
Bueno, el espacio no da
para más, espero que lo dicho os sirva para
reconocer y conocer mejor estas formaciones, sobre
las que quedan por explicar otros muchos detalles y
hablar de otras muchas especies. Pues nada, a vivir
que son dos días y a disfrutar (sanamente),
conocer y respetar nuestros saladares.
|